Mintaka cruza el cielo como una moneda luminosa rumbo a la ladera, una fría noche de otoño; la lluvia nos ha concedido una sorprendente tregua, después de cinco días de chaparrón: parece que un misterioso sortilegio hubiera permitido a Manolo Rodríguez y Carlos Costa presentar su nuevo proyecto musical al aire libre en el Espacio Cultural Doña Chana de La Orotava, en un concierto del ambicioso programa del Festival M.I.D.E.A.
Hace dos años el guitarrista Manolo Rodríguez desarrollaba un complejísimo lenguaje musical acompañado sólo por batería, “El Bailarín Privado”, y prometía que conseguiría llevar sus abigarrados sonidos a formaciones más convencionales. Tras la aventura “Machuca Trío”, transición interesante pero conservadora, y una visita a los maestros de la improvisación libre de Nueva York, decide formar un cuarteto que le permite expresar todas sus inquietudes: así nace “Dos caras de la misma moneda”, una banda sólida y audaz que funda junto al bajista Carlos Costa.
Hay noches en las que presientes que los elementos se han conjurado para que todo salga bien: por eso me siento en primera fila, y no pierdo detalle del despliegue de pedales y efectos que el guitarrista tiene a sus pies. Desde los primeros compases compruebo entusiasmado que los fraseos no sólo derivan en interesantes distorsiones y ruidos; se suceden texturas elegantes y el concierto se convierte en una intensa búsqueda de sentido lírico a armonías casi intransitables. Francis Hernández, al piano Rhodes, ofrece el contrapunto y enriquece los temas con sus delicados juegos de disonancias; el experimentado baterista José Miguel Méndez “Churchi”, poco expresivo al principio, aporta rotundidad con su poderoso groove. El magnetismo lo pone Carlos Costa con el contrabajo: además de repetir con precisión las enrevesadas secuencias, parece sentir una especial atracción por los nuevos hallazgos sonoros, y llena su interpretación de numerosos efectos de cuerda y curiosos toques de arco entre puente y cordel. La utilización de un pito y la distorsión del conector jack como acompañamiento rítmico, y los golpes de púa y maza sobre las barras metálicas del Rhodes fueron recursos anecdóticos y cómicos, elementos frívolos que caricaturizan el estilo y que, creo, deberían ser evitados: un insólito descuido que no resta valentía y honestidad a una propuesta que sitúa a “Dos caras de la misma moneda” en la vanguardia musical canaria.
Mintaka cruza el cielo una fría noche de otoño, rumbo a la ladera, como una moneda luminosa y certera.



